La muerte del futuro
En España, la tasa de mortalidad es del 9,07%, Esto quiere decir, que cada día mueren unas 1084 personas (30 de ellas por accidente y 10 por suicidio), según el Instituto Nacional de Estadística (INE).
“Polvo somos y en polvo nos convertiremos” Génesis 3:19. Cuando un persona muere, normalmente se ofrecen dos métodos que puedes seguir, que son la inhumación (entierro) y la cremación, ambas contaminan el medio ambiente.
La cremación utiliza hornos que alcanzan los 870-980 ºC durante 1-5 horas, según el caso. Los hornos son alimentados con gas natural y consumen unos 92 metros cúbicos de dicho gas. El resultado de la cremación del cuerpo, son productos como plomo, cobalto, cromo y estaño, a parte libera vapor de agua, monóxido de carbono y dióxido de azufre.
En cuanto a la inhumación, afecta mas a los terrenos donde se produzca dicho enterramiento y a los acuíferos cercanos. La descomposición de un cuerpo libera contaminantes químicos muy fuertes, como el amoniaco, sulfatos, cloruros… e incluso restos de tratamientos químicos, como la quimioterapia, muchos de ellos perjudiciales para el medio ambiente. A parte, normalmente el traje con el que se les entierra contiene poliéster. Incluso la creación de los ataúdes contribuyen a la tala excesiva de arboles, a parte de ser contaminante por llevar lacas y barnices en sus procesos de creación.
Dejando el plano físico a un lado, la sociedad actual esta tendiendo a hacia la secularización absoluta. Tan peligroso es el exceso de creencias religiosas (con tendencia al fanatismo), como la absoluta falta de creencias (con tendencia al individualismo).
Según algunas estadísticas, en Suecia durante el año 2000, el 72% de los niños fueron bautizados. En 2010 el numero bajó hasta el 42%.
Nuestra sociedad se anda abriendo camino hacia una vida menos ritualizada (menos numero de bodas, bautizos y comuniones y mas actos por lo civil) por ese nuevo modelo de pensamiento mucho mas laico y menos condicionado por las esferas religiosas. Ya no se le debe tanto a Dios.
Esta tendencia a dejar de ritualizar la muerte (ya que el ritual incluye muchos pasos de dudosa conciencia medioambiental) esta ayudando a abrir la mente en cuanto a las defunciones. A parte, la gran corriente ecologista que vivimos en nuestros días, ha sido desencadenaste para que Anna Citelli y Raoul Bretzel crearan las Cápsulas Mundi. Que son recipientes que alojan los restos del difunto, que en el futuro se convierten en nutrientes para un árbol que crecerá en el futuro.
Las cápsulas se crean con almidón de patata, lo que lo convierte en 100% biodegradable. De hecho, la familia (o la persona antes de morir) pueden elegir el árbol que brotará, dependiendo de la situación geográfica del difunto.
Algunos países como Italia, todavía lo prohiben, por intereses meramente económicos (en nuestro país, por ejemplo, morirse cuesta una media de 4000€). Cuando el ser humano sea capaz de ver la muerte como un proceso natural y que ademas podemos contribuir al medio ambiente (en vez de dañarlo), entenderemos que nuestra muerte puede servir para algo mas que descomponerse en una bonita caja de pino.
Adrián Martínez Maldonado 09/09/2019

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