Esta serie de frutas de vidrio explora un adorno familiar de otra época y lo reinventa en una nueva
perspectiva.
A través del hábil proceso de fundición de vidrio, el artista rinde homenaje a los fabricantes de frutas
de vidrio soplado y a sus recolectores, de la década de los 60.
El enfoque lúdico y liviano de la fruta cotidiana contrasta con la pesadez del cristal, un material único
que capta y refleja la luz en las superficies circundantes. Estos objetos están destinados a provocar
los sentidos y ocupar un espacio donde el tiempo, a diferencia de la fruta real, puede ser más amable
con ellos.
Cada fruta se moldea en vidrio de cristal utilizando un proceso de cera
perdida que implica deshacerse de la forma de capas de plástico frágil y sílice.
Estas frutas son cool porque reenmarca las frutas tal y como las conocemos y dan otro enfoque,
son divertidas y jugables con respecto
a la luz
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